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100 años turbulentos y polémicos del descubrimiento del busto de la reina Nefertiti

Manuel Blázquez - Arte

6 de Diciembre de 2012

Hoy en día se puede visitar el busto de Nefertiti, la reina con el busto más bello del Antiguo Egipto, en el Neues Museum de Berlín, pero el 6 de Diciembre de 1912 fue encontrada en un yacimiento en Tell-El-Amarna por el arqueólogo alemán Borchardt.


El busto, hecho en piedra caliza, ofrece una imagen policromada de la reina egipcia y destaca por su belleza. Los colores escogidos ofrecen una piel perfecta en ocre. Destaca la redondez natural de los pómulos y la sensualidad de sus labios.

No obstante, a pesar de todo, una buena parte de arqueólogos del mundo, dudan precisamente de la veracidad de la obra y creen que se trata de una falsificación. Pero, ¿Cómo se puede hacer pasar una figura falsa como verdadera durante 100 años?

Nefertiti, reina de Egipto

La historia tiene un prólogo. Hace más de 3.000 años en el antiguo Egipto, donde aproximadamente hacia 1370 a. C. nació Nefertiti, que se convirtió en reina al casarse con el faraón Akenatón, uno de los regentes más controvertidos de Egipto. De un plumazo, el buen rey se cargó todos los dioses en los que se basaba la cultura egipcia y designó a Ra, el dios Sol, como único dios al que habría que adorar, hasta el punto que muchas de las construcciones de la época, fueron realizadas sin tejado para que se pudiera contemplar al Dios Sol en su periplo diario desde el amanecer hasta el atardecer.

El rey, se muestra en grabados y jeroglíficos como un amantísimo esposo de una también enamorada Nefertiti, en escenas en las que se les observa abrazados y en algunos casos, a punto de besarse, algo tremendamente extraño si se compara con el resto de inscripciones y dibujos encontrados de otros regentes. Fruto de tan ardiente relación, Nefertiti dio a Akenatón seis princesas.

La pareja construyó una ciudad entre Luxor y El Cairo, en la ribera oriental del Nilo, Tell-El-Amarna, que llegó a tener hasta 50.000 habitantes. La ciudad sucumbió a los 17 años de instalarse los reyes, tras la muerte del faraón y la desaparición de la reina. Hoy en día quedan tan solo unas ruinas y unas pocas excavaciones. En una de las construcciones se encontraba el taller de Tutmose, el escultor real, donde disponía de un modelo de los bustos de ambos, rey y reina para poder hacer copias de las mismas.

Hay que tener en cuenta que hoy en día con una simple fotografía, se conoce en todas partes el aspecto del Rey de España, pero en aquella época, la única forma de saber cuál era el aspecto de los regentes era mandar a los lugares de gobierno y a las ciudades del reino, bustos de los regentes para que pudieran reconocerlos.

Y allí, en el taller de Tutmose, quedaron encerrados junto con múltiples vasijas de pigmentos, los modelos de los bustos de los regentes. Pasaron tres mil años, y la Orient-Gesellchaft alemana envió a Tell-el-Amarna una expedición encabezada por el egiptólogo alemán, Ludwig Borchardt, quien descubrió el taller y en su interior ambos bustos, el de Nefertiti en perfectas condiciones y el de su marido totalmente desfigurado el 6 de Diciembre de 1912.

El busto de Nefertiti

El egiptólogo envió a Berlín todos los hallazgos y aunque, el mecenas de la expedición guardó el busto de Nefertiti durante más de diez años, finalmente fue adquirido por James Simon, quien lo donó al Museo Egipcio de Berlín. El busto fue trasladado a lugar seguro durante la segunda guerra mundial y finalmente volvió a Berlín tras la guerra. Actualmente, y desde 2009, año de finalización de las obras de rehabilitación del Neues Museum, el busto de Nefertiti se exhibe de forma permanente, siendo uno de los mayores reclamos de los visitantes.

Hasta aquí, toda una historia típica de cualquier hallazgo del antiguo Egipto, excepto por un pequeño detalle: un numeroso grupo de egiptólogos y expertos mundiales afirman que figura de Nefertiti es falsa, es decir, una magnifica reproducción de la cara de la reina, llevada a cabo en nuestros tiempos.

Y la razón principal es que, a tenor del aspecto de la escultura, es probablemente la figura antigua de Egipto mejor conservada de todos los tiempos. Sin apenas desconchones propios de 30 siglos de espera y unas décadas de trajín y traslados.

Se ha llegado a hacer incluso un escáner de la figura y se ha podido constatar que sobre el interior de caliza, diversos rellenos de yeso se han superpuesto para dar la forma de la cara de la bella reina. Pero eso no significa nada, dado que esa misma técnica era empleada por los escultores egipcios de la Antigüedad. Y tampoco se puede determinar la edad de los materiales porque son materiales y pigmentos de la zona donde se encontró el busto de la reina.

De hecho, muchos arqueólogos y egiptólogos saben perfectamente que en Memphis, a unos 25 kilómetros de El Cairo, se acumulan la mayor cantidad de falsificadores de figuras antiguas del mundo. Uno de ellos puede perfectamente coger un trozo de granito de una de las columnas de uno de los templos derruidos sin ninguna vigilancia en el centro de la ciudad, tallar una figura según la apariencia de cualquier fotografía del original y si es buen escultor, ningún experto podría decir ni mu respecto a si es la verdadera o no.

Esto abre otra incógnita en el mundo entero: ¿Cuántos museos poseen obras falsificadas pensando que son originales? Pues a esta pregunta, ni los propios directos de museos son capaces de contestarla.

Por otra parte, los defensores de la veracidad de la talla, afirman que está realizada según los patrones de medida de la época, el dedo. Es decir que en vez de medir en centímetros, los antiguos egipcios utilizaban la medida del dedo equivalente a nuestros 1,87 centímetros para situar los puntos importantes de las figuras, la barbilla, el cuello, la horizontal de los ojos, el principio de la frente. Algo similar al número áureo de los griegos. Y esas proporciones se dan en la figura de Berlín.

En medio de todo este lío, aparece el controvertido Zahi Hawass, hasta hace poco máxima autoridad egipcia del arte antiguo y vehemente luchador por recuperar para Egipto sus antiguas obras de arte repartidas por el mundo, con una teoría de acusación de robo y expolio de los alemanes. Para empezar, Hawass alude a una ley internacional que obliga a cualquier arqueólogo a devolver, es más, a entregar al museo de El Cairo cualquier obra encontrada que sea alusiva a un rey o faraón. Por estas, Nefertiti debería estar en el Cairo y no en Berlín.

Eso, lo sabía hace 100 años, el arqueólogo Borchardt y aun así, se las ingenió para sacar de Egipto las tallas de la reina Nefertiti y del faraón Akenatón, por medio de engaños al comisario encargado de realizar el reparto de los hallazgos entre Alemania y Egipto.

Por último, los arqueólogos franceses, encabezados por Henri Stierlin hablan de un origen del descubrimiento plagado de dudas y engaños. Según Stierlin, el día 5 de diciembre de 1912, Borchardt se encontraba en el Cairo, según dicen las malas lenguas, comprobando que el escultor que realizaba una figura del busto de Nefertiti la hubiera acabado. Recibió la noticia de que una visita de parte de la familia real alemana iba a visitar las excavaciones al día siguiente, con lo que con el busto bajo el brazo, volvió al campamento para recibir tan regia visita. Durante las explicaciones de los trabajos, uno de los capataces le trajo la escultura de Nefertiti que el día anterior había traido con él.

La familia real quedó tan maravillada por la belleza de la talla que el mismo Borchardt no pudo decirles que se trataba de una pieza de estudio realizada con los datos de grabados y jeroglíficos sobre el aspecto de la reina egipcia. De hecho, haberles contradicho a la mismísima familia real en aquella época podría haber sido considerado como de tratar de ridiculizar la incultura de los reyes en esta materia, y por tanto, como acto de lesa majestad. Borchardt calló y nunca quiso decir la verdad.

Aún en medio de esta tempestad, el museo de Berlín niega la mayor y tiene a gala mostrar diariamente uno de los bustos más bellos hechos por el hombre: la Reina Nefertiti.