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La tripulación del Endurance y el viaje de Shackleton: una historia inspiradora

Manuel Blázquez - Técnica y Tecnología en la Historia

29 de Mayo de 2012

En un mundo en el que el individualismo es reconocido e incluso premiado, el trabajo en equipo se muestra como una poderosa herramienta con la que superar las dificultades ante cualquier problema. Que la unión hace la fuerza es cierto pero es insuficiente. Los ingredientes restantes son dosis de ánimo, apoyo mutuo e inteligencia. Esta fue la receta que aplicó Shacketon y su tripulación para sobrevivir durante dos años en la Antártida en uno de los capítulos más emocionantes de la historia de los exploradores e investigadores.


El 8 de agosto de 1914, el explorador irlandés Ernest Shackleton zarpó desde el puerto inglés de Plymouth a bordo del "Endurance" con una tripulación de 27 personas en dirección a la Antártida. Cinco meses más tarde, el "Endurance", en su intento de avanzar en el Océano Austral, quedó varado en el hielo del Mar de Weddell. Con temperaturas que rondan los 25 grados centígrados bajo cero, los exploradores se prepararon para pasar todo el invierno en la Antártida.

Casi 300 días después, el casco del buque comenzaba a dar signo de no poder soportar la presión creciente del hielo, y antes de que quedara destrozado, la tripulación comenzó a recoger la comida y los víveres de su interior y decidieron poner a resguardo los perros y el resto del equipaje, estableciendo un campamento en el hielo de un kilómetro de la nave, que se hundió unos días después.

El 20 de diciembre, casi un año y medio después, Shackleton tomó la decisión de levantar el campamento y decidió trasladar la expedición a la isla Paulet, arrastrando penosamente por el hielo los víveres y todos los objetos posibles que les cupieron en los botes. Ante lo penoso y duro de la situación, la tripulación tomó una decisión de forma consensuada con el mismo Shackleton: subirse a la deriva en una gran masa de hielo para que las corrientes oceánicas les trasladaran hasta algún lugar más al Norte. Sobre su improvisado buque de hielo, la tripulación del “Endurance” cruzó la línea del Círculo Polar Antártico el mismo día de Año Nuevo en 1916.

Así en esa situación sobre un iceberg y con los botes vueltos del revés a modo de improvisados hogares, el equipo de Shackelton pasó los siguientes 4 meses, sobreviviendo con la caza de focas y pingüinos, de los que obtuvieron la carne y la grasa necesaria. Para mantener la moral de su grupo, Shackleton propuso la práctica diaria de canto y la lectura pública de los libros que fueron salvados del naufragio.

Pero a medida que las corrientes mandaban el iceberg más hacia el Norte, la masa de hielo comenzaba a menguar, desprendiéndose gran parte de su volumen diariamente. Llegó un momento en el que no tuvieron más remedio que embarcarse en los botes y seguir a merced de la corriente.

Por suerte, llegaron a la isla Elefante en la punta de la Península Antártica tras recorrer 3.500 kilómetros sin pisar tierra firme. Dado que la isla se encontraba en un lugar aislado, Shackleton decidió que 23 hombres se establecieran, mientras que él, con otros 4 compañeros, trataba de encontrar ayuda de algún barco que en medio de Océano se aproximara a la isla Georgia del Sur, en cuyas orillas sabía de la existencia de una estación ballenera noruega. No dieron con ninguno pero finalmente y tras un viaje plagado de tormentas y dificultades alcanzaron las costas de la Isla Georgia del Sur el 10 de mayo 1916.

McNeish y Vincent, dos de los compañeros de Shackleton, se mantuvieron en el sitio de atraque mientras que Shackleton y MacCarthy, caminaron durante un día y medio para llegar a la estación ballenera. Allí, se embarcaron en el buque "Southern Sky", y dos días más tarde, recuperaron a sus compañeros que esperaban en la costa.

Con muchas dificultades y varios intentos, llegaron a la isla Elefante el 30 de agosto de 1916, a bordo del buque chileno "Yelcho". Shackleton llegó a sus costas y observó con emoción que su tripulación estaba a salvo.

En los 634 días siguientes que duró la expedición, Shackleton no perdió ni un solo hombre. La aventura de Shackleton no aportó ningún beneficio material ni importantes avances científicos, pero la supervivencia de toda la tripulación fue vista como un triunfo. Hoy en día aún suena la historia del viaje de Shackleton en las principales escuelas y universidades que recuerdan a sus alumnos que el éxito se basa en dos principios fundamentales: el trabajo en equipo y el espíritu de lucha.