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Un asteroide impactará seguro en la Tierra, pero ¿cuándo?

Manuel Blázquez - Ciencia e Ingeniería

16 de Abril de 2012

En la historia de la Tierra, nuestro planeta ha sufrido impactos de asteroides hasta el punto de que muchos científicos avalan la teoría de la regeneración de la vida cada vez que un gran objeto celeste ha provocado una extinción masiva.



En 2008, un asteroide, clasificado como 2007 TU24, se acercó a la Tierra a una distancia de 540 mil kilómetros. Esta distancia parece lejana, pero si se tiene en cuenta que la Luna dista de la Tierra 380 mil kilómetros, podemos tener un orden de magnitud de lo cerca que estuvo de impactar con nosotros.

Este es un claro ejemplo de lo cerca que está un pequeño planeta como el nuestro de ser impactado por un asteroide de dimensiones suficientes como para borrar la vida de su faz. Entonces la pregunta no es ¿Impactará un asteroide la Tierra?, sino ¿Cuándo impactará el próximo asteroide?. Sí, desde luego, no será la primera vez y tampoco en sus 4.000 millones de años de vida, la última vez que un objeto impacte contra nuestro hogar.

El TU24 pudo devastar una parte de la Tierra

En una menor escala es como si una bala hubiera pasado a 40 metros del coche aparcado a 100 metros enfrente de la acera de nuestro edificio. Pero, ¿puede una bala crear tantos estragos en el vehículo como para destruirlo? Evidentemente, una bala de fusil, pongamos como ejemplo una Remington de 6,8 milímetros SPC, puede llegar a penetrar en el vehículo a una velocidad de 1.000 kilómetros por hora. Con la energía acumulada en su trayectoria, la bala tan solo atravesará el chasis de metal del vehículo.

El objeto TU24, es un asteroide de forma irregular de 200 metros de longitud. En principio no parece muy grande, pero hay que tener en cuenta que eso es lo que miden dos campos de futbol. Y la velocidad a la que impactaría no es la de la bala. Cuando pasó rozando la órbita de la Luna, su velocidad era de unos 20 kilómetros por segundo, es decir, unos 72 mil kilómetros por hora.

Aunque no se llegaría a las consecuencias de una extinción global, tal y como ocurrió hace 65 millones de años, con el asteroide de kilómetros de longitud que se cree se desplomó en el golfo de México, la devastación sería amplia. Un cataclismo de tal magnitud provocaría tsunamis en el océano o expulsaría polvo a la atmósfera ante el choque hasta el punto que se tardaría años en recuperar el clima global actual. El oscurecimiento del Sol afectaría a todo el globo y por tanto, a toda señal de vida en su superficie.

Los asteroides potencialmente peligrosos

Así se denomina a los objetos de pequeño tamaño que orbitan con grandes excentricidades en el Sistema Solar. Que tengan gran excentricidad significa que su recorrido, aunque provenga de un punto más allá de Plutón, pasa muy cerca del Sol, que es el motor que impulsa con su gravedad estos objetos.

Un caso muy conocido de objeto de gran excentricidad es el cometa Halley, cuyo periodo de órbita alrededor del Sol es de 75 años. En ese periodo, el cometa se aleja del Sol hasta el cinturón de Kuiper, un cinturón de asteroides que circunda los límites del Sistema Solar y que los científicos creen que es el resultado de una no-formación planetaria en el momento en que se configuró el Sistema Solar.

Los asteroides que provienen de esa región son en su mayoría, potencialmente peligrosos dada nuestra cercanía al Sol. En realidad, hay estimados unos 7.000 objetos moviéndose continuamente en el Sistema Solar, como el TU24.

Aunque el TU24 no llegó a impactar contra la superficie terrestre, la frecuencia de acercamiento a la Tierra de un objeto de tales dimensiones se estima cada 5 años. Si se habla de frecuencia estimada de impacto, los cálculos de los astrónomos la cifran en uno cada 37 mil años. No obstante, estudiando objetos de menor tamaño, aproximadamente de 50 metros de longitud, la frecuencia se reduce a tan solo 100 años.

Los próximos acercamientos peligrosos de asteroides

Según los datos provenientes del Laboratorio de Propulsión a Chorro, JPL de la NASA, el telescopio radar del Sistema Solar de Goldstone está permanentemente pendiente de las evoluciones de cualquier objeto que se acerque a la Tierra. En principio, no hay que preocuparse por el impacto serio de ningún asteroide de grandes dimensiones, aunque se prevé que, al menos un asteroide pase cerca de la Tierra en 2027.

No obstante, existen asteroides interiores de órbita corta, que circundan el Sol y que habitualmente cruzan la órbita de los planetas interiores. Este es el caso del asteroide Apophis, cuyos extremos de órbita, conocidos como perihelio y afelio, se encuentran entre 1,1 UA (unidades astronómicas) y 0,75 UA, es decir entre una y 0,75 veces la distancia entre la Tierra y el Sol. Esto significa que el trayecto de Apophis, con unas dimensiones ligeramente mayores que el TU24, cruza las órbitas de Venus y de la Tierra. Y esto de los impactos de asteroides, es cuestión de tiempo.

Para, al menos conocer la posición de los asteroides potencialmente peligrosos, existe un servicio mundial de vigilancia de este tipo de objetos, que está permanentemente pendiente de medir su situación y sus propiedades, el programa Spaceguard Survey, que cuenta entre sus miembros activos al Observatorio Astronómico de la Sagra en Granada, España.

El efecto Yarkovsky, una de las soluciones

Si llegara a confirmarse la venida contra la Tierra de un asteroide de dimensiones suficientes como para devastar una región o incluso un área local, existen varias alternativas que se podrían poner en marcha.

La más conocida, por haberse recreado en películas de Ciencia Ficción, es el uso de armas termonucleares que si no llegaran a destruir el objeto, al menos podrían cambiar su trayectoria. Pero, aprovechar el efecto Yarkovsky sería una alternativa científicamente válida. El Sol expulsa materia de forma constante. Este fenómeno, conocido como viento solar forma parte de su radiación.

El efecto consiste en espolvorear cantidades ingentes de talco para blanquear un área del asteroide para cambiar regionalmente el albedo. De esta forma, la radiación fotónica variaría en ese área, consiguiendo un efecto de cambio en la rotación del objeto y por tanto, en su trayectoria. El problema entonces, se traslada a la manera de conseguir sacar de la Tierra la cantidad necesaria de material blanqueante.

No está muy claro que este tipo de medidas sean efectivas contra la mayor amenaza en un futuro próximo, el asteroide 1999 RQ36. Según María Eugenia Sansaturio, investigadora de la Universidad de Valladolid y coautora de un estudio internacional sobre futuros impactos de asteroides, la probabilidad de que el asteroide choque contra la Tierra en 2198 es de una entre mil. Quizá vaya siendo hora de invertir en mineral de talco como herencia para nuestros bisnietos.

Este artículo ha sido publicado anteriormente por el autor en Suite101.net.