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La realidad, ¿algo tangible o tan sólo una percepción?

Manuel Blázquez - Ciencia e Ingeniería

12 de Abril de 2012

Nos rodea lo tangible y asumimos todo aquello perceptible por los sentidos como la realidad. Nuestra realidad. No obstante, y dada la relatividad y subjetividad del individuo ¿podríamos estar viviendo una realidad distorsionada por nuestros propios sentidos?



Hace más de dos mil años, Platón propuso que la realidad quizá no es como la percibimos, sino una versión totalmente subjetiva. Dentro de la cueva solo se veían sombras del exterior. Si un personaje hubiera vivido en su interior sin posibilidad de mirar a la entrada de la cueva, vería luces y sombras reflejadas en sus paredes.

Así, si un hombre se asomara a la cueva y hablara hacia su interior, el personaje no podía más que imaginar que una sombra distorsionada le está hablando. A la sombra distorsionada que le hablaba le asignó la definición de Hombre. ¿Es real esa definición? Está claro que para el hombre que se asomara no. Él se consideraría mucho más que una sombra. Pero para el habitante de la cueva, sería una definición perfecta. Si en otra ocasión se asomará otro hombre y le hablara, reconocería ese modelo inmediatamente.

Las primeras ideas cosmológicas

En el siglo XVI, la ciencia vivía sumida en un periodo oscuro e inmóvil. La idea del Universo se basaba en la idea de Dios. Y si Dios había creado al hombre a su imagen y semejanza, era propio pensar que el lugar donde vivía el hombre era el centro del Universo. Esta idea filosófica, propuesta por Ptolomeo miles de años antes, condicionaba a la ciencia. Y más aún, si todos los días el Sol y las estrellas salían por el Este y se ocultaban por el Oeste.

¿Quién podía negar esa absoluta evidencia? Todo giraba en torno a la Tierra porque todo se movía alrededor del observador terrestre. Esa era la incuestionable realidad aceptada. Pero las teorías de un sacerdote europeo, Nicolás Copérnico, contradijeron todo un sistema establecido. La nueva idea cambiaba por completo esa realidad. La Tierra era un planeta más y junto con sus compañeros de órbita, giraban alrededor del Sol.

¿Cómo pudo vivir el ser humano tan equivocado durante tantos siglos?

Equivocado es un término erróneo y soberbio. El hombre vivió con el sistema tolemaico perfectamente. Y le sirvió para determinar, entre otras cosas, la duración anual, la elaboración de calendarios y en general, la organización de su vida en simbiosis con la naturaleza. Cuándo se podía sembrar o no, o cuándo era necesario comenzar las labores de siega, dependían en gran parte de una organización de la vida perfectamente estructurada.

El físico británico Stephen Hawking plantea a este respecto una cuestión interesante en su libro El gran diseño. En uno de los capítulos dedicados a la realidad hace la siguiente observación:“Aunque es común que la gente diga que Copérnico probó que Ptolomeo estaba equivocado, eso no es verdad. Uno puede usar cada idea como modelo del Universo”.

En cierto modo, viene a indicar que la diferencia de ambos sistemas, desde un punto de vista estrictamente físico, estriba en el planteamiento matemático. Ambos son perfectamente eficaces cuando se aplican a un mismo observador emplazado en cualquier lugar del planeta. Por tanto, una misma realidad puede ser planteada desde distintos marcos de referencia.

La posibilidad de una realidad distorsionada

Hoy en día, hemos sido capaces de enviar sondas al espacio, de situar en órbita satélites artificiales e incluso conseguir que el telescopio Hubble realice instantáneas de zonas del Universo, desde las cuales la luz ha viajado millones de años hasta llegar a nosotros. Y a pesar de estos avances y de todos los conocimientos de los tiempos y magnitudes del Universo que estamos acumulando, seguimos teorizando sobre la situación del centro del Universo.

Volviendo al mito de la caverna, ¿quién es capaz de asegurar que no vivimos dentro de una cueva, desde la que nuestra posición nos obliga a ver la realidad de forma distorsionada? La historia nos ofrece muchos ejemplos, como el de Copérnico, en los que una nueva idea tira por tierra toda una filosofía establecida.

Al hilo de los planteamientos de Hawking, no se puede asegurar que un descubrimiento defina la certeza de la realidad. Tan solo ofrece un nuevo modelo para interpretar esta. Y tan solo es necesaria su aceptación y consenso para que se erija como el modelo a seguir. Una vez que se ha establecido el consenso, la realidad se adapta a ese nuevo modelo. ¿Es posible que si se hubiera aceptado un modelo diferente, la realidad hubiera cambiado?

Es una cuestión de mayor complejidad, en palabras de Stephen Hawking. No existe una ley que determine por completo todos los aspectos del Universo, y máxime cuando todo depende del propio observador. Es quizá la realidad dual propuesta por la mecánica cuántica, y de sus planteamientos según la incertidumbre al no poder determinar lo observado.

He aquí entonces, cuando se plantean varias cuestiones:

  • ¿Es entonces nuestro Universo una imagen de lo que percibimos?
  • ¿Es posible la existencia de múltiples Universos que muestren realidades diferentes?
  • Y entonces, ¿sería posible sentir, ver u observar por una ventana esos otros Universos?
Como dice Esther de Lorenzo en su programa Contando Cuentos en Radio 5 de Radio Nacional de España:"Les dejo pensando y con la fantasía volando"
Este artículo ha sido publicado anteriormente por el autor en Suite101.net y recibió un premio destacado por su calidad divulgativa.