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¿Y si pudieramos meter el Sistema Solar en un campo de fútbol?

Manuel Blázquez - Astronomía y Ciencia

20 de agosto de 2012

De todos es conocido que el Sistema Solar se compone de 8 planetas, desde que Plutón fue degradado a planetoide. En uno de los ocho planetas, habita la raza humana en un pequeño planeta en el que a lo largo de miles de millones de años, la vida se ha abierto paso.


Cada planeta se ha formado simultáneamente con el resto. En realidad, tanto el Sol como los planetas se crearon como parte de un proyecto conjunto. Otra cosa son los satélites, o al menos la mayoría de los que rodean a los planetas.

Muchos de ellos, como la Luna tienen su origen en cataclismos posteriores en los que algún impacto desgajó parte de la materia de la Tierra, formando el satélite. Estudios científicos recientes avalan esta teoría, basándose en la investigación de muestras lunares y terrestres, a las que les dan un origen común.

Las distancias entre los cuerpos del Sistema Solar son enormes. Simplemente basta pensar que a pesar de lo cerca que nos parece estar el Sol, éste se encuentra a 150 millones de kilómetros, la distancia que se ha estandarizado como una Unidad Astronómica (UA).

Así, las distancias respectivas de los cuatro pequeños planetas más cercanos al Sol, lo denominados rocosos, Mercurio, Venus, Tierra y Marte, en relación a esta nueva medida serán de 0,38 UA, 0,72 UA, 1 UA y 1,52 UA. Esto significa que Marte, por ejemplo, se encuentra a una vez y media de distancia del Sol respecto la Tierra.

Por su parte, los planetas exteriores al cinturón de asteroides, la frontera entre los planetas rocosos y los planetas jovianos, ofrecen distancias mayores. En relación a la distancia entre la Tierra y el Sol, su posición es respectivamente de 5,2 UA, 9,55 UA, 19,22 UA y 30,06 UA. Esto significa que prácticamente se duplica la distancia entre planetas a la medida que nos alejamos. Esto no es exactamente así pero la Ley de Titus-Bode viene a aplicar un poco más de exactitud a esta relación.

El Sistema Solar en un campo de fútbol

Con estas medidas, si se quisiera construir un Sistema Solar a escala entre las porterías de un campo de fútbol, lo primero que habría que hacer sería situar al Sol en una portería y Neptuno, el último planeta, en la portería contraria. Como también tendríamos que construir un modelo de cada planeta, habría que contar con objetos esféricos que simularan cada planeta.

Es sorprendente, a la vista de los resultados de la conversión de escala, la potencia que tiene en su seno el Sol. La percepción que desde la Tierra tenemos de la energía solar es increíblemente grande y aun así, lleva distribuyéndola desde hace miles de millones de años, aunque todavía queda otra mitad de vida por seguir lanzando su energía.

El Sol en la portería no debería de ser mucho mayor que una pelota de golf, quizá una pelota de tenis como mucho. A una distancia de 1,25 metros se situaría el primer planeta Mercurio representado por la punta de un alfiler.

Los tres planetas siguientes con dimensiones similares a un poco menos que la cabeza de un alfiler, Venus, Tierra y Marte, se situarían a 2,39 metros, 3,32 metros y 5 metros respectivamente. Y todavía no hubiéramos llegado al punto de penalti, donde se extendería como una banda de bordado de un vestido de señora el cinturón de asteroides.

Fuera del área y dentro de la curva que corona las líneas del área, se encontraría Júpiter con proporciones de un perdigón de 1,5 milímetros. Toda una legión de microorganismos le rodearían simulando ser sus 65 satélites.

El esplendor de la figura de Saturno sería imperceptible de ver desde la banda, con un tamaño similar a su predecesor. El gigante del anillo, convertido en una pulga en el campo de fútbol se situaría en una línea media entre la portería y el centro del campo.

Urano, habría que buscarlo a unos 13 metros más allá del centro del campo, ya en la zona del campo más alejada del Sol, convertido en una bolita de poco más de medio milímetro. Finalmente, Neptuno el gigante azul que se posicionaría bajo los palos de la portería contraria al Sol con un tamaña casi idéntico a Urano.