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¿Por qué el ciudadano tiene que pagar las deudas de gobernantes y corporaciones?

Manuel Blázquez - Política y Economía

7 de Junio de 2012

El ciudadano común le toca vivir épocas duras. La agresividad de las acciones antisociales y las formas de gobierno que pretenden reducir sus derechos antes de perder poderes, da pie para que las entidades, sobre todo las bancarias, se muestren víctimas a las que hay que rescatar. Todo bajo la amenaza de un tsunami económico.


Comienza un bonito día de finales de primavera, los pajarillos trinan de alegría y el ambiente es soleado. Un magnifico día para que alguien venga a fastidiarlo. Y la lista es larga.

Primero. Los bancos siguen llorando para que alguien ponga el dinero que ya se han gastado, sea por mala gestión o sea por otras razones inconfesables. Eso sí, sus directivos no es probable que dejen de percibir sus sueldos incluidas opciones y prebendas. Y si no lo ven claro, decir que dimiten es equivalente a poner tierra de por medio. En un par de meses se olvidan de uno y a vivir de la teta de otra empresa, sea privada o pública.

Segundo. Llega el gobierno regional de turno y decide, en contra de lo que avisó una semana antes que los funcionarios regionales deben trabajar más y cobrar menos por el bien de la Región. Además para compensar, propone que en las siguientes legislaturas haya menos diputados regionales con el fin de ahorrarse sueldos. O quizá esa graciosa medida esconda un cuidadoso y elaborado estudio de la ley D’Hont que les permita perpetuarse aún más en el poder. Es cuestión de hacer cuentas. Mientras tanto, estas medidas se propagarán como la pólvora al resto de regiones.

Tercero. La prima de riesgo sigue subiendo como si fuera la vara de medir de lo felices que deben de ser los ciudadanos que por otra parte, no tienen posibilidad alguna de decidir al respecto. Eso sí, Standard & Poors, el gurú de la economía y oráculo de la verdad, nos anima diciendo que ve la luz al final del túnel. ¿El suyo o el de los ciudadanos?

Pues, con este panorama, y con los ciudadanos haciendo cuentas de cómo van a costearse unas vacaciones estivales y sobre todo, a casa de qué pariente terminarán por ir, alguien le da por acordarse de los que intentan manipular la vida de los demás.

Viene bien un ejercicio de memoria.

¿Quiénes son los bancos para tener que recibir ayuda?

Los bancos y entidades financieras son, como cualquier empresa, entidades con ánimo de lucro. La estructura operativa hacia sus clientes se basa en la puesta en el mercado de productos financieros que ofrecen una cierta rentabilidad. Todos ellos, dado que se rigen por condiciones probables pero no seguras, conllevan un riesgo de pérdida de la inversión y así todo el espectro inversor se mueve entre el riesgo que promete altos ingresos y las inversiones conservadoras que ofrecen baja rentabilidad a cambio de mayor seguridad.

En esta línea básica, con el tiempo se ha tejido en el mercado una red extensísima y compleja de relaciones entre entidades y clientes, en la que abundan los productos financieros en constante revisión y actualización. Esto genera un mercado de compra-venta de productos financieros, base del negocio bancario, que, como se ha podido observar, no tienen por qué ser necesariamente lo mejor para el cliente. Un caso claro ha sido la intoxicación del mercado por los denominados productos basura.

La intoxicación del mercado financiero, el comienzo de la crisis

El origen de estos productos se inicia cuando, en un momento dado aparece alguien que hace creer a un humilde padre de familia que vive en los suburbios de ciudades como Nueva Orleans o Sant Louis, que lo tiene fácil para salir del atolladero familiar. El intermediario de la agencia hipotecaria le convence de que su verdadera riqueza reside en su vivienda, por muy modesta que sea. El padre de familia se deja convencer de que si hipoteca su vivienda a un interés bajo, en una operación financiera denominada reunificación de deudas, se quitará de un plumazo lo que debe a la tarjeta de crédito, el préstamo del coche, y además le quedará dinero de sobra para darse un capricho.

Todos contentos, el hombre del suburbio de Sant Louis con dinero y convencido de que no tiene deudas y el intermediario con su comisión. Tan solo tiene que llevar el papel firmado a su agencia y cobrarla. Y los vecinos observando como el padre de familia se compra un enorme todoterreno y se va con su familia a cenar fuera todos los fines de semana.

Si extiende estas operaciones no solo a la barriada sino a nivel nacional e incluso se exportan al exterior, se acumula una enorme cantidad de productos hipotecarios en los que la devolución de la deuda no está garantizada. Y existen tornados, huracanes pero sobre todo el mayor de los cataclismos, la subida de intereses. El padre de familia, con mayor deuda, es incapaz de acometer los pagos, pero los precios de la vivienda son tan elevados que no hacen fácil su venta. Al menos una familia en Estados Unidos, puede entregar el inmueble como garantía de pago a la Agencia.

La agencia se encuentra con una cantidad ingente de inmuebles de bajo valor en el mercado pero marcada por una deuda muy superior. Un negocio ruinoso. Y aquí es donde entran los ingenieros financieros. Una vivienda en poder de un banco no es más que un producto que hay que colocar a alguien.

Estos productos basura se atomizan y se diversifican en paquetes heterogéneos similares a la venta al por mayor. Tras adquirir el paquete, lo que tiene entre manos es un negocio ruinoso que hay que “colocarle” a otro. Algo similar a lo que muchos hacen cuando les llega un billete falso de 50 euros. O se denuncia y lo pierdes, o lo colocas y aquí no ha pasado nada. En este último caso, se pierde rápidamente el rastro del delincuente que lo puso en circulación.

El juego de las sillas entre señores con trajes caros

Un grupo de personas se pasean y bailan alrededor de un círculo hecho con sillas. Al menos, tiene que haber una silla menos que participantes alrededor de ellas. Comienza la música y todos empiezan a dar vueltas hasta que se para la música y cada uno tiene que buscarse asiento en una silla vacía. Lógicamente, alguien se queda de pie y queda eliminado del juego automáticamente. En la siguiente ronda, se elimina una silla y la música vuelve a sonar. Y así de forma sucesiva hasta que hay un ganador.

Y en la crisis financiera, se terminó por jugar a este juego, intentando vender lastre a otras entidades y al público. Solo cuando alguna entidad hubo acumulado tan cantidad de valores depreciados, se producía la quiebra, como el caso de Lehman Brothers. Aunque se pretenda hacer creer que los que han caído por el camino han sido víctimas, con la investigación que la Fiscalía de Nueva York puso en marcha el pasado año por estas fechas, se destapó, no con mucho éxito, a aquellos que promovieron e incluso provocaron, mediante acciones especulativas y opacas, una crisis que incluso se está llevando a países enteros por delante, como es el caso griego, y que amenaza a otros como España, Italia y Portugal. Per, ¿quién se acuerda de los "destapados"?

La deuda todavía existe y se tardará mucho tiempo en normalizar la situación global, especialmente la europea porque unos no quieren confesar sus apaños, que supondría hacer públicas sus avaricias y otros no quieren asumir responsabilidades. Y en medio, los ciudadanos que serán en definitiva los que terminemos por pagar las culpas de otros. Es cuestión de funcionar a golpe de Real Decreto.

Dedicado a mi querido amigo y profesor, Antonio Aranda

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