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Suben los casos de sarampión, principalmente por no vacunar a los niños

Manuel Blázquez - Salud

17 de Agosto de 2012

Lenta pero inexorablemente, enfermedades que parecían erradicadas, o al menos controladas en Europa están volviendo a resurgir. Se habla principalmente de un auge del sarampión, pero también la rubeola o la polio. En algunas de las comunidades autónomas españolas, como Madrid, se ha adelantado la inoculación de la vacuna triple vírica a bebés de 12 meses, 3 meses antes de lo que se venía programando a lo largo de la década.


Las cifras no mienten. En los tres primeros meses de 2011 se dieron el mismo número de casos de sarampión en el continente europeo que en todo 2010, entre 5.000 y 6.000 personas se infectaron de la enfermedad. Y no es que 2010 haya sido un año de poca incidencia. Todo lo contrario.

Para observar además el retorno del virus, a modo de ejemplo, según informaciones oficiales del Centro de Control de Enfermedades (CDC) en Estados Unidos, el número de casos informados de sarampión bajo desde los casi 900.000 en 1941 hasta poco menos de 150 apariciones anuales casi constantes desde 1997. Sin embargo, en el primer cuatrimestre de 2008, se habían informado ya de casi la mitad de los casos anuales, terminando el año en cifras muy superiores. Este auge de la enfermedad está ocurriendo también al otro lado del Atlántico con Francia como el país con mayor número de casos desde 2008.

¿A qué se debe esta subida a nivel global en el número de enfermos por sarampión?

El diario El País, publicó el año pasado un artículo de Antía Gancedo, “La moda que disparó el sarampión” que revela cierta información al respecto. La clave se encuentra en que muchas familias, y no precisamente de marginados sociales sino personas formadas y socialmente integradas, han decidido no vacunar a sus hijos.

Entre ellos se encuentran diversas posturas, desde las naturalistas hasta las que ven a la industria farmacéutica como el enemigo a batir, con testimonios que dan a entender que al fin y al cabo es un negocio. Y como tal, no están dispuestos a participar en que estas empresas medren a costa de su salud y de su bolsillo.

Uno de los hechos más relevantes que dieron argumentos a los grupos antivacunas fue la aparición en febrero de 1998 de un artículo en la revista The Lancet , de enorme reputación internacional, en la que Andrew Wakefield, médico, investigador y cirujano, ponía de relieve la relación directa entre la vacuna del sarampión, incluida en la triple vírica, con casos de autismo y enterocolitis en niños.

Recientemente, en 2010 el Consejo General Británico puso de relieve la falsedad de los datos aportados por el médico y consideró que el Dr. Wakefield había actuado de manera nada ética y deshonesta al vincular la vacuna triple vírica con el autismo. Pero el daño ya estaba hecho. Tanto en el Reino Unido como en diversos países del mundo, la influencia de la noticia hizo caer la vacunación por debajo del 60%, cuando para controlar la enfermedad es necesaria la vacunación de al menos un 90% de la población.

La mayoría de los grupos antivacunas, aún siguen pensando y defendiendo que se trató de una artimaña, por no llamarlo conspiración de la industria farmacéutica.

El sarampión, un virus muy familiar para el hombre

El virus del sarampión y el hombre tienen una historia común, el virus solo puede ser hospedado por un ser humano. Por tanto, para controlar el virus y por tanto, sus consecuencias, no es necesaria ninguna acción sobre el entorno. Tan solo basta controlarnos a nosotros mismos. Y eso es mucho decir, ya que la principal forma de combatir el virus es empleando la información sobre la población.

Es probable que la enfermedad sea una de las más contagiosas ya que lo hace por vía aérea. La tos de un huésped del virus sobre cualquier otro congénere es suficiente para inocular el virus. Este se transporta hasta las vías respiratorias y provoca síntomas similares a la gripe, fiebre alta de hasta 40º, secreción nasal y es característica la reproducción de manchas rojizas, la llamada exantema que se produce igualmente en otras enfermedades como la rubeola, el dengue o la varicela.

La mayor de las armas del virus del sarampión, característica compartida con otros muchos virus, es que es capaz de reproducirse y transmitirse de forma silenciosa de huésped en huésped, sin que estos se den cuenta de la trasmisión. Este es el conocido como periodo de incubación, que en el caso del sarampión puede oscilar entre 4 días y casi dos semanas.

La lucha contra el sarampión

Uno de los objetivos primordiales del milenio, en concreto el 4º objetivo de Naciones Unidas en el periodo 1990-2015, persigue la reducción de la mortalidad infantil en dos terceras partes. La Organización Mundial de la Salud, OMS, como organismo integrado en Naciones Unidas, ha propuesto dos focos primarios contra los cuales combatir. Por un lado, se ha determinado la diarrea y la neumonía como agentes específicos de mayor impacto sobre las muertes en los niños menores de 1 año. Y precisamente, las complicaciones del sarampión dan lugar a estas dos afecciones.

Por otro lado, desde Naciones Unidas se nombra específicamente la lucha el sarampión como el virus, cuyo control ha llegado a ser prácticamente total, aunque se tacha la situación de efímera, dadas las interrupciones constantes en el suministro de fondos. De hecho, se han dado diversos brotes en los inicios del siglo XXI, como el de 2007 en Japón, o de forma sucesiva en Estados Unidos y en países del sudeste asiático en 2005.

En cualquiera de los casos, sea cual sea el organismo que se consulte todos indican que la única forma de combatir la enfermedad pasa por la prevención y está solo se puede conseguir con la vacunación de la población. Las razones de esta afirmación, y es algo unánime en la mayoría de las referencias médicas, se basan en que esta solución ya ha sido llevada a cabo con éxito durante los últimos 40 años del siglo XX y la reducción de casos ha sido drástica.

Los riesgos de contraer el sarampión

A la vista de los datos, y teniendo en cuenta que no ha habido caso alguno registrado de muerte por vacunación, se ve claro que vacunar es prevenir futuros problemas derivados de la infección por sarampión. Según la médico e investigadora científica Esther Samper, los problemas que podría acarrear el sarampión van desde los leves o moderados como fiebre, congestión nasal, sarpullidos y ojos irritados, que se dan en prácticamente todos los casos hasta mayores complicaciones en menor número.

Estadísticamente las complicaciones de tipo otitis bacteriana, bronquitis, laringitis, laringotraqueobronquitis y neumonía se dan en uno de cada cinco casos. Todos ellos son perfectamente tratables y tienen cura. De uno a diez de cada diez mil infectados podrían sufrir encefalitis severa con un cuadro de vómitos, convulsiones que podrían desencadenar el coma y la muerte.

Este artículo se basa en "El auge del sarampión aleja la erradicación de la enfermedad" publicado por el mismo autor en Suite101.net