Artículos destacados en Sociedad y Medios de Comunicación

Terremoto de Japón: cinco días para recordar


Manuel Blázquez - Sociedad

12 de Marzo de 2012

En recuerdo de las víctimas del terremoto y como apoyo a los supervivientes y familiares, este es el relato de lo que ocurrió en Japón durante los cinco días más fatídicos de su reciente historia.


Hace ahora un año, la tierra tembló bajo el océano frente a las costas orientales de Japón, en lo que se ha calificado como el mayor terremoto de la historia nipona y uno de los más violentos de la historia conocida. Con una magnitud de casi 9 grados en la escala de Richter provocó daños materiales de tal magnitud que se llevaron por delante la economía de uno de los países más ricos del planeta.

Pero por encima de todo, el tsunami que se lanzó contra las costas japonesas, fue el causante de más de 10.000 muertos y desaparecidos con olas de hasta 7 metros adentrándose kilómetros en el interior de la tierra. Días después del suceso, el país se debatía ante una crisis nuclear sin precedentes que mantuvo en vilo a todo el planeta bajo la amenaza de un “síndrome de China” en la central nuclear de Fukushima.

Esta es la historia tal y como se contó hace un año:

Terremoto de Japón: día 1

El 11 de marzo de 2011, a medio día hora local, la tierra bajo el mar se quebró, con una magnitud de tal calibre que el terremoto provocado ya está inscrito en la lista de los diez terremotos más violentos registrados por el hombre. De 8.9 en la escala de Richter, ya se puede decir que ha sido el mayor terremoto en la historia de Japón.

¿Dónde se inició?

El epicentro del seísmo ocurrió en la costa noreste de Japón, en las costas entre las ciudades de Sendai y Natori, sobre las cuales, una enorme ola provocada por el seísmo engulló la línea de costa. En la cercana ciudad de Iwanuma, la ola pasó por encima del rio Abukuma, destrozando el caudal y cuantos puentes encontró a su paso.

En algunos distritos de Natori, las casas y los desechos fueron arrastrados sobre el agua a su paso, mezclados con vehículos y escombros. El movimiento de las casas ha provocado el escape de gas doméstico y numerosos incendios aparecieron, formando un espectáculo dantesco de fuego, agua, maderas y metales.

El número de víctimas en las primeras horas

La ciudad de Tokio, sobradamente preparada para este tipo de sucesos sísmicos, sufrió numerosos desperfectos sobre todo instalaciones industriales. El caos se apoderó de las estaciones de ferrocarril y del metro, por donde se observaban pasajeros caminando por las vías para encontrar una salida. El problema se encontró en las vías de circulación donde aparecieron enormes grietas que impedían el tráfico. Ningún transporte era una opción, tan sólo caminar.

Incluso los puertos cercanos a Tokio y Yokohama han sido clausurados. No obstante, las autoridades creían que el número de víctimas en la metrópoli no era significativo. Muy al contrario que en las ciudades de la línea de costa.

Otros puertos de la costa oriental fueron azotados por una enorme ola de 10 metros que posteriormente trajo turbulencias que siguieron tratando las instalaciones y barcos violentamente. Tras las primeras 12 horas, la estimación de muertos en la madrugada japonesa era de más de 1.000 personas, sobre todo debido a la fuerza del tsunami. De hecho, en las primeras horas se encontraron hasta 300 cuerpos ahogados en la ciudad de Sendai.

Por otra parte, en las grandes ciudades interiores, las familias sufrieron una angustiosa primera noche sin saber nada de sus seres queridos. La red de comunicaciones se colapsó y era difícil encontrar una línea a través de la cual nadie pudiera comunicar con su casa.

El peligro de la fuga radiactiva de la central de Fukushima

La sacudida provocada por el seísmo se dejó notar en el área cercana a la central nuclear de Fukushima hasta el punto de cortar el suministro de electricidad. Este incidente dejó sin alimentación eléctrica el sistema de refrigeración del reactor número 1, según admitió a las pocas horas el ministro de Economía, Comercio e Industria de Japón, Banri Kaieda. Posteriormente, se reveló que el reactor 2 también estaba afectado.

El sistema de refrigeración es esencial para controlar la temperatura en el reactor. Dentro del mismo, se alojan una combinación de varillas con pastillas de combustible, normalmente uranio, y de varillas con moderador para limitar la reacción en cadena. El calor liberado en el reactor debido a la reacción nuclear ha de ser evacuado a través del agua refrigerante en permanente circulación, que incluso ha de seguir en circulación aunque el reactor no esté funcionando.

El agua del circuito primario, en contacto con el interior del reactor sirve posteriormente para mover una turbina de vapor. Este punto es especialmente sensible, sobre todo porque el agua que mueven es radiactiva y en contacto con el aire, eleva el nivel de radiación.

Precisamente, las primeras informaciones indicaban que la presión del agua refrigerante era muy elevada, lo que pareció ser la causa de fuga radiactiva en la central de Fukushima. Por su parte, la Agencia Internacional de la Energía Atómica emitió un comunicado a las 22 horas, hora central europea, del día del incidente, indicando que en ningún momento ningún reactor en la planta quedó al descubierto.

Para liberar la presión, los operarios realizaron una extracción filtrada controlada del agua de refrigeración, de forma que en todo momento la radiación quede confinada en la vasija de contención. Por otra parte, para restaurar la electricidad en los sistemas de refrigeración, se tomaron las medidas urgentes de proporcionar a la central equipos móviles de suministro eléctrico.

Terremoto de Japón, día 2

Treinta horas después de producirse el terremoto de 8,9 grados en la costa este de Japón, los habitantes de este país seguían en estado de shock. El mundo pudo observar las imágenes de una enorme ola que arrasaba la costa y arrastraba casas, vehículos y residuos con una fuerza descomunal.

A lo largo de los primeros dos días se produjeron 150 nuevas réplicas, alguna de las cuales se valoraron entre 4,3 y 6,7 grados en la escala Richter. Esa cifra, ya de por sí es un valor propio de terremotos de gran poder destructivo.

La cifra actualizada de victimas Tras el segundo después del seísmo, no existen valoraciones claras sobre el número final de víctimas. Las autoridades estiman en 1750 el número de personas fallecidas, pero siguen apareciendo cuerpos dispersos por la gran ola. Precisamente, en la ciudad costera de Rikuzentakata, a 200 kilómetros en línea recta con la posición del epicentro, aparecieron entre 300 y 400 cadáveres.

Las cifras ofrecidas discrepaban según la fuente. Las autoridades políticas emitían cifras de estimaciones que continuamente eran corregidas. La policía en cambio, ofrecía cifras de víctimas reales. Según éstos, en el segundo día de la tragedia, se conocían las identidades de unas 760 personas fallecidas. No obstante, también indicaban que existen unas 9.500 personas desaparecidas.

Esta cifra no tenía que corresponder obligatoriamente con un número final de víctimas sino con el número de personas, según estimaciones, que no habían llegado a sus casas. Las dificultades de movilidad y de comunicaciones eran enormes, con lo que es probable que la cifra se fuera corrigiendo a la baja a medida que pasara el tiempo.

El estado de las centrales nucleares

Desde el primer día del seísmo, las autoridades comunicaron los problemas por los que estaba pasando, entre otras, las centrales nucleares de Fukushima y Onagawa. Inicialmente, el reactor 1 de Fukushima estaba sufriendo sobrepresiones en la red de refrigeración, siguiéndole un problema similar en el reactor 2. En Onagawa se había iniciado un incendio en las instalaciones sin consecuencias en el reactor.

Se coordinaron trabajos de reparación desde el primer momento, consistentes en la liberación de parte del líquido refrigerante de manera controlada, dada la alta radiactividad del agua en contacto con la vasija del reactor. En el momento de iniciar los trabajos, los niveles de radiactividad en el interior del reactor eran de 1.000 veces lo habitual. La fuga de radioactividad era un hecho, tras medirse una radiación de ocho veces los niveles límite a la entrada de la central.

Las autoridades japonesas informaron a la Organización Internacional de Energía Atómica, OIEA, que el reactor 1 de la planta había sufrido una explosión en la parte exterior de la vasija de confinamiento primario, no en la parte interior. Cuatro trabajadores eran resultados heridos por la explosión. El suceso ocurría a las siete y media de la mañana, hora central europea, del día 12 de marzo.

Las medidas de seguridad por confinamiento en una central nuclear

Las medidas de confinamiento en una central nuclear se pueden entender como capas de protección. Como primer nivel de confinamiento, las varillas de acero rodean las propias pastillas de combustible. El conjunto de varillas de combustible y varillas de control, se encuentran alojadas en la vasija del reactor, que actúa como un segundo nivel de confinamiento. Por último, la estructura de acero y hormigón que compone el edificio de contención del reactor actúa como el tercer nivel.

El 12 de marzo, tras el segundo día, las autoridades japonesas y la propia OIEA descartaban la posibilidad de una fusión en el núcleo de la central aduciendo que el segundo nivel de contención no había resultado dañado. No obstante, la Agencia de Seguridad Nuclear e Industrial de Japón aprobó una contramedida de protección que limitara los daños en el núcleo del reactor. El procedimiento de protección, iniciado a las 20 horas, hora japonesa, consistió en la inyección en el interior de la vasija de contención de una mezcla de agua de mar con boro.

La evacuación de los habitantes en la zona

Desde primeras horas del día 12, alrededor de 110.000 personas fueron llamadas a la evacuación en un radio de 20 kilómetros alrededor de la central de Fukushima, de las que 30.000 personas se encontraban a un radio de 10 kilómetros. Al final del día 12 de marzo, todavía no se había terminado el proceso de evacuación.

Los incidentes en las centrales nucleares están graduados en una escala de 0 a 7, que corresponde respectivamente con una pequeña fuga radiactiva y un accidente catastrófico. Las autoridades niponas valoraron de nivel 4, el estado de la central de Fukushima definido como de “Accidente con consecuencias locales”.

A pesar de las indicaciones tranquilizadoras de las autoridades, el seísmo dejó sin electricidad a 30 millones de personas. En la capital, Tokio, los trenes fueron suspendidos durante el primer día. Si bien el aeropuerto Narita de Tokio interrumpió durante horas sus actividades, en el segundo día ya comenzaron a volar algunos aviones.

Terremoto de Japón, día 3

Después de que temblara el subsuelo por el seísmo detectado a 10 kilómetros de profundidad frente a la costa este de la mayor de las islas del archipiélago japonés el día 12 de marzo de 2011, empezaron a actualizarse el recuento de víctimas, que el lunes se elevó a la cifra de 1670 fallecidos. No obstante, lo peor parecía estar por llegar dadas las noticias provenientes de la central nuclear de Fukushima.

Si el sábado era el reactor I el que sufrió una explosión de hidrógeno, en la mañana del lunes 14 a las once, hora local, se produjo una nueva explosión en el reactor 3, en las que once personas resultaron heridas, una de las cuales, un militar del ejército japonés, sufrió varias fracturas. Las causas de la explosión fueron derivadas por la elevada presión del sistema de refrigeración. No obstante, las diversas réplicas de menor intensidad no ayudan a estabilizar la situación, que también ha afectado a las centrales de Oganawa y Tokai, cercanas a la ciudad de Tokio.

La fusión del núcleo del reactor

Según la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), la estructura del reactor no se ha visto comprometida, por lo que la posibilidad de fusión del núcleo no parece probable. No obstante, algunas opiniones expertas como las recogidas desde Foro Nuclear indican que es improbable la fusión del núcleo, aunque se están produciendo deformaciones en la estructura debido a las altas temperaturas alcanzadas desde la vasija de contención.

La fusión del núcleo en un reactor sucede cuando no se refrigera suficientemente. Se provoca un aumento de la temperatura debido a la radiactividad del uranio contenido hasta tales valores que los elementos metálicos de la estructura se funden. La vasija del reactor se pondría entonces en contacto con el suelo y ya nada impediría la fusión del mismo. La catástrofe sería de proporciones inimaginables.

El momento más cercano a sufrir un accidente nuclear de tales características se dio en la central de Three Miles Island en Harrisburg, Pennsylvannia, en la que se produjo un incidente de nivel 5 en la escala INES. A pesar de los graves daños en el reactor, la situación logró estabilizarse antes de que el núcleo se fundiera. El accidente de Chernobyl se clasifico de 7 en la escala INES al estallar liberando radiactividad y dejando al descubierto el interior del reactor. Hoy en día, la central de Chernobyl es un gigantesco cubo de hormigón que tardará miles de años en reducir su radiactividad.

Primero el tsunami se llevó por delante los generadores de combustible de la central de Fukushima que hacen funcionar el sistema de refrigeración. Después se descargaron las baterías de reserva. Ante este panorama, se decidió refrigerar inyectando agua de mar mezclada con boro para mantener la temperatura del núcleo en valores de seguridad. El boro del agua inyectada absorbe neutrones con lo que limita la escalada de la reacción.

La fuga radiactiva

Respecto a la fuga radiactiva que se produjo en la central, se siguió con nuevas evacuaciones de habitantes en el entorno de la central, aunque la Agencia de Seguridad Nuclear japonesa aseguró que los niveles de radiactividad emitidos a la atmósfera son mínimos y no afectarán a la población. Estos valores fueron corroborados mediante análisis de radiactividad practicados en las naves de la Séptima Flota norteamericana que se encontraban a menos de 200 kilómetros de la costa. Otros afectados han sido los pilotos y tripulantes de los helicópteros que sirvieron de medio de rescate de afectados en Sendai.

El domingo 13, el primer ministro japonés se dirigió a la nación por televisión, donde expuso que la unión de la potencia del terremoto, las fuerzas destructivas del tsunami junto con la crisis nuclear todavía sin resolver, hace que “Japón esté viviendo la peor crisis de su historia desde la Segunda Guerra Mundial”.

La jornada en la bolsa de Tokio

La catástrofe también sacudió la economía nipona. A la apertura, el 14 de marzo, todos los expertos estaban de acuerdo en una cosa: la bolsa de Tokio sufriría un enorme revés. La única incógnita era saber las dimensiones del cataclismo. Al cierre de la jornada, se conoció el dato de la bajada del 6,18%, dejando el índice Nikkei en 9.620,49 puntos.

Según estimaciones del Banco de Japón, el producto interior bruto podría haberse reducido en 8 puntos. Los expertos en Economía estiman las pérdidas que podrían alcanzar los 100.000 millones de dólares, de los que 30.000 millones de dólares pertenecen a infraestructuras.

En un intento de sostener la crisis derivada por el terremoto, el Banco de Japón inyectó 183.000 millones de dólares al mercado financiero. La medida aunque necesaria, no ha sido suficiente para frenar el debacle económico.

El terremoto de Japón, día 4

El terremoto del día 11 de marzo de 2011 permanecerá en el recuerdo de los japoneses por muchos años como un día de dolor y tragedia. Un terremoto de proporciones colosales quebró el suelo marino en frente de la costa este de la isla de Honsu. Producto del terremoto, el mundo contempló estupefacto como una gigantesca ola penetraba en la tierra arrasando todo lo que encontraba a su paso. La combinación del terremoto y el tsunami afectó, entre otras infraestructuras, a la central nuclear de Fukushima.

La central nuclear tuvo problemas desde el principio, cuando la gran ola se llevó por delante los generadores de gasóleo del sistema de refrigeración. Hasta el día 12 se pudo mantener el sistema funcionando con baterías de reserva pero antes del día 13 ya se habían agotado. En ese proceso, el reactor 1 vio comprometida su integridad y terminó por provocarse una explosión de hidrógeno que expulsó vapor radiactivo a la atmósfera ante la presión acumulada en el edificio del reactor. Después el reactor 3 también sufrió una explosión y posterior escape.

Nueva explosión en el reactor 2 de Fukushima

Hasta entonces, todas las autoridades niponas y lobbies de la energía nuclear emitían comentarios en prensa minimizando los efectos de la radiación. Pero el día 14, el reactor 2 explosionó y emitió suficiente material radiactivo a la atmósfera como para provocar la rueda de prensa del primer ministro japonés. En algunas áreas cercanas se llegó a medir niveles de radiación 100 veces superiores a los límites.

Naoto Kan no pudo más que reconocer que una nube radiactiva se desplazaba hacia la región de Tokio. Se reconocía oficialmente y por primera vez que el material en suspensión era de tal magnitud como para resultar perjudicial para la salud de las personas. Esto hizo cambiar la calificación de la situación del nivel 4 al nivel 6 correspondiente a un “Accidente Importante”. Solo en dos ocasiones se ha llegado a estos niveles, en Rusia en 1956 y en Chernobil, Ucrania, en 1986, donde se alcanzó el nivel 7.

Por suerte, tras varias horas, el viento cambio de dirección y desplazó la nube hacia el Océano Pacífico. No obstante, dado que los portavoces japoneses no descartaban daños graves en el reactor, se obligó a los habitantes en un radio de 30 kilómetros a permanecer en sus casas durante un tiempo indeterminado.

Estado de descontrol en las centrales

Los días pasados se intentó mantener estable los núcleos de los reactores inyectando agua de mar mezclada con boro, que absorbe neutrones, pero el día 14 se llegó a reconocer que la medida era insuficiente. Las impresiones en el resto del mundo eran de total descontrol en la central, en la cual no quedaba ningún operario excepto una cincuentena de ingenieros inspeccionando hasta el último tornillo, para evaluar la situación estructural y funcional de la central. La situación se ha definido como apocalíptica por parte del comisario de energía de la UE, Gunter Ottinger, afirmando también que las autoridades locales han perdido el control de la situación.

Para terminar de empeorar la situación, fuentes oficiales confirmarón que a primera hora del 15 se produjo un incendio en el reactor 4, por la combustión del hidrógeno liberado por los daños en las varillas de la vasija. En este reactor no fue posible lanzar agua con boro desde la costa como en los otros reactores, con lo que se intentó hacer la operación desde helicópteros.

Aumenta la cifra de víctimas

El día 14 se emitió una actualización de cifras de víctimas y damnificados. La cifra de fallecidos se elevó a 3.373 personas y 6.746 desaparecidos. El número de rescatados sobre todo en el entorno de las centrales afectadas por el seísmo se elevó a 25.000 personas. El trabajo del personal de socorro está dando algunos frutos y se rescató entre los derribos personas vivas después de 4 días. En Sendai, la ola dejó un rastro de muerte a su paso y todavía quedan por extraer 300 cuerpos de entre los escombros.

La economía de Japón destrozada

Algunas entidades y organismos cifran las pérdidas entre un 2% y un 3% del PIB japonés. Muchas de las industrias japonesas han reducido a mínimos su producción y aquellas instaladas en la prefectura de Miyagi, la más afectada por el tsunami, pararon la producción por completo e incluso cerraron las instalaciones.

Si bien el lunes 14 la bolsa se desplomaba un 6,18%, el martes cayó un 10,55%, provocando el pánico en la economía. “Es el peor desastre desde la Segunda Guerra Mundial”, indicó el primer ministro en su comparecencia pública. El Banco de Japón decidió inyectar un nuevo flujo de liquidez en el mercado de cinco billones de yenes, unos 43.700 millones de euros, que junto con una anterior inyección del día 13, de 15 billones de yenes, se esperaba que ayudase a frenar la caída libre que está sufriendo la economía japonesa.

En la mañana del día 15, los japonenses se despertaron preocupados por el devenir de los acontecimientos en la crisis nuclear.

El terremoto de Japón, día 5

La central nuclear de Fukushima sufrió como el resto de infraestructuras enormes daños por el terremoto y el posterior tsunami. Parte de las instalaciones fuera del reactor sufrieron graves daños con el embate de la ola, llevándose la peor parte los grupos generadores de alimentación de los sistemas de refrigeración.

Después de cinco días de intenso trabajo para sofocar los problemas que se acumulaban en los cuatro reactores, el día 16 de marzo la situación era cercana a la fusión del núcleo principalmente en el reactor 2.

La central nuclear por dentro

La parte más sensible de una central nuclear es el reactor, cuya estructura forma una barrera de contención de radiación. Dentro de él y protegido por una cubierta interior de acero, se aloja la vasija que contiene las barras de combustible agrupadas en columnas.

Al poner en marcha el reactor, un bombardeo de neutrones provoca una reacción en cadena que se controla con la intersección parcial de las denominadas barras de control que junto con la sumersión del conjunto, moderan el calor que emite el combustible en la reacción nuclear.

Esto significa que para poder reducir la potencia de emisión en la reacción, es necesario cubrir por completo el conjunto de barras de combustible. Qué el núcleo quede al descubierto provoca la imposibilidad de parar la reacción con lo que ésta va a más. El aumento progresivo de calor generado desde la reacción, hará que la estructura que soporta el núcleo empiece a deformarse y termine por fundirse.

Esta situación, aunque cercana, nunca se ha dado en ninguna central en el mundo. El accidente de Harrisburg en 1979 fue controlado pero desde entonces se maneja la expresión “Síndrome de China”, aludiendo a que es tal la energía térmica que emite el núcleo que una vez que toque el suelo, también lo fundirá. Teóricamente, desde Estados Unidos el núcleo penetraría en el interior la Tierra, en dirección a una hipotética salida al exterior en China, situada diametralmente opuesta en el Hemisferio Norte.

El estado de los reactores en Fukushima

El reactor 1 de la central fue el primero en tener problemas. Un aumento de la presión provocó el día 12 de marzo una explosión de hidrógeno. La explosión dañó la barrera de contención, con lo que una mínima parte de material radioactivo salió a la atmósfera. Según estimaciones de la empresa propietaria de la central Tepco, las barras de combustible quedaron dañadas en un 70%.

No obstante, el reactor 2 sufrió los mayores deterioros por la explosión provocada en su interior el día 14 de marzo, consecuencia del fallo en el sistema de refrigeración. La explosión dejó al descubierto las barras de combustible y junto con los daños en el edificio del reactor, se emitió a la atmósfera material radiactivo suficiente para considerarlo gravemente perjudicial para la salud. Por más que intentaron sofocar la situación, el día 16 de marzo el reactor seguía emitiendo radiación al exterior de forma descontrolada.

La situación en el reactor 2, según los expertos en materia nuclear es de tal calibre que se teme una posible fusión del núcleo. Las autoridades japonesas y la empresa Tepco intentan minimizar las circunstancias pero a la vista de los acontecimientos ya han expresado sus preocupaciones respecto a la nube radiactiva emitida por la central.

El reactor 3 también sufrió una explosión y también podrían estar dañadas las vasijas. El día 16 no se conocía el alcance de los daños en la estructura, por lo que los expertos barajan la posibilidad de fusión del núcleo. Se observaron fugas de vapor saliendo por unas grietas provocadas por el terremoto y ensanchadas posteriormente por la explosión del día 14.

En el día 16, la situación en el reactor 4 se agravó al reavivarse el incendio que parecía sofocado el día anterior. En los reactores 1, 2 y 3, se pudo inyectar agua mezclada con boro desde barcos, pero limitaciones técnicas impedían esta operación en el reactor 4. Se comenzó entonces a arrojar agua desde helicópteros, pero el proceso discontinuo retardaban los trabajos de extinción.

Por otra parte, según informes oficiales, no ha habido ningún daño asociado a los reactores 5 y 6. Estos se encontraban en proceso de mantenimiento cuando ocurrió el terremoto, por lo que a lo largo de la crisis.

La valoración según el índice INES

En el primer día de la crisis, con los primeros datos saltaron las alertas de peligro nuclear. La Agencia Internacional de la Energía Atómica clasificó el incidente de categoría 4 en la escala INES, indicativo de “accidente con consecuencias locales”. Todavía no se había registrado explosión alguna ni fuga de material radiactivo.

La escala INES consta de 7 niveles, mediante los cuales se determina la magnitud de un accidente nuclear. Solamente una vez en la historia se ha clasificado un accidente de categoría 6, cuando se produjo un escape de radiación en una central nuclear rusa en 1954, de la cual se ha tenido conocimiento décadas después. El accidente nuclear más catastrófico se dio lugar en Chernobyl en el año 1986 al que se le asignó la valoración máxima.

La acumulación de accidentes en los reactores de Fukushima ha sido determinante para incrementar la valoración a 6.

Así se relató día a día, la mayor tragedia del año 2011, y probablemente de lo que llevamos de milenio. En las posteriores semanas, incapaces de afrontar la crisis, el gobierno japonés con su primer ministro a la cabeza, presentó su dimisión. En veinte kilómetros a la redonda de la central de Fukushima, se ha determinado una zona de exclusión por los elevados niveles de radiación existentes.

En la zona de exclusión, casí 4 metros de suelo fértil se ha de remover para eliminar cualquier vestigio de radiación, en caso de recuperarse para el cultivo. Todos los habitantes de los alrededores de la central, siguen hoy en día evacuados sin posibilidad alguna de volver a sus casas. Muchos han perdido todas sus pertenencias o no podrán recuperarlas jamás.

Desde esta publicación queremos ofrecer un sentido homenaje a un pueblo que ha sabido luchar como nadie en los peores momentos de su historia…. Y vaya por delante el triste recuerdo de las víctimas y el más sentido pésame a sus familiares.

El artículo que acaba de leer es un extracto de los artículos publicados por el autor hace un año en Suite101.net, en los días en que se sucedieron los hechos.