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Un año de la muerte del Profesor Antonio Calvo, profesor de Princeton

Manuel Blázquez - Sociedad

29 de Abril de 2012

Se acaba de cumplir un año de la muerte del Profesor Calvo, uno de los más tristes capítulos en la historia de la Universidad, quien mostró una enorme falta de sensibilidad ante el suceso, lo que indignó a gran parte de la sociedad.


Hace ahora un año, un trágico suceso conmocionaba los pilares de la prestigiosa Universidad de Princeton. El 12 de abril de 2011, Antonio Calvo, profesor del departamento de lengua española apareció muerto en su apartamento de Nueva York. Las razones apuntaban al suicidio, tras una desesperada reacción ante la comunicación de las autoridades universitarias a no renovar el contrato del profesor.

El profesor, aunque gozaba de gran popularidad en la Institución, se había granjeado numerosas críticas por parte de algunos colegas y de un sector del alumnado por, según algunos estudiantes, su forma vulgar de expresarse ante estudiantes poco volcados en su trabajo, por su fama de exigente y por seguir ciertas actitudes políticamente incorrectas como imitar que abofeteaba a un alumno poco aplicado.

A juicio de alguno de sus compañeros, meses antes del suceso, se inició una campaña de desprestigio del profesor Calvo, que finalmente caló en la dirección de la Universidad, la cual decidió romper relaciones sin explicación alguna. No obstante, la institución había recibido del departamento donde el profesor Calvo trabajaba, un informe en el que se recomendaba su renovación por su dedicación y buen rendimiento.

Entre otros inconvenientes, la pérdida del contrato provocaba la suspensión de la residencia del profesor en los Estados Unidos, ya que la relación contractual con Princeton mantenía en vigor su visado.

La Universidad dio la callada por respuesta durante los primeros días

La dirección y el rectorado de la universidad se negaron a hablar del suceso en los primeros días. Se basaron en razones que aludían a que los contratos con el profesorado son asuntos personales que impiden su divulgación. Las propias normas de Princeton sobre la privacidad de los datos de sus empleados obligan tácitamente a evitar comentarios en este sentido, comentó el por entonces portavoz de la institución, Cass Cliatt, según publicó hace un año el New York Times.

No obstante, días después del trágico suceso, el rectorado envió una nota informativa a los alumnos indicando que el profesor había muerto. Días antes, el mismo día del despido, el 8 de abril, un vigilante de seguridad del campus fuera requerido por el rectorado para retirar al profesor las llaves del despacho y a continuación, sin mediar palabra, le invitó a abandonar el campus. Por lo leído, hoy en día es práctica habitual tras el cese fulminante de un empleado, acompañarle a la salida sin apenas dar tiempo a recoger sus pertenencias. Triste pero ciertamente una práctica muy extendida. La información del suceso se liquidó con una breve reseña sobre la muerte del profesor en la propia web de la Institución.

La reacción de los alumnos

El mismo día del cese sus alumnos estuvieron esperando casi media hora en el aula sin que nadie apareciera a dar explicación alguna. La primera noticia les llegó, cuando un sustituto entró en clase el día 11 para comentarles que el profesor ya no daba clases en la universidad. La mayor parte de los alumnos recibieron la noticia de la muerte del profesor, tras leer la breve noticia en la web de Princeton.

La actitud de absoluta opacidad del rectorado de la universidad indignó a un gran sector del alumnado. Uno de sus alumnos ha difundido una carta en la que pedía explicaciones al despido del profesor, pese a haber sido respaldado por su propio departamento. Además en la carta, el estudiante Philip Rothaus, indica que había un intento claro por suprimir información y por crear un ambiente de censura alrededor del suceso. Otro de los alumnos pedía al rector que explicará cuál es el criterio que la universidad sigue para cesar puestos y no renovar contratos, sobre todo a profesores con demostrada valía como Antonio Calvo.

Los medios se volcaron con la noticia

Fueron muchos los medios que se han hecho eco de la noticia. La publicación digital IvyGate, especializada en noticias provenientes de los campus de las más prestigiosas universidades norteamericanas, escribió el artículo “¿Está Princeton escondiendo algo sobre la muerte de un profesor?” Por otra parte, el periódico New York Post aludió directamente como causa del suicidio a un complot desde el interior de la Universidad.

Por otra parte, se creó un evento público a través de Facebook, “Justice for Calvo: Forming a Student Response”, desde donde se realizaron diversas llamadas como la respuesta estudiantil del 23 de abril de 2011 en el Teatro Wilcox de la Universidad de Princeton, en el que se debatió entre los asistentes el tipo de preguntas que habría que hacer y a quién dirigirlas con el fin de que se esclareciera el misterio que rodeó el fallecimiento del profesor. En dicho evento, también se solicitó a los asistentes que hicieran comentarios sobre cómo deberían de ser las buenas prácticas de actuación del personal y de las instituciones para no llegar a los extremos de este caso.

Las entradas en el muro del citado evento de Facebook crecieron de forma vertiginosa con la aportación de testimonios de aquellos que conocieron a Calvo y citas a las noticias de alguno de los más prestigiosos grupos de prensa internacionales. Entre alguno de los gestos en memoria del profesor, Marco Aponte, amigo personal de Antonio Calvo, colgó un video en el que se puede ver al profesor sentado en un estrado cantando una tranquila canción a un grupo de acompañantes.

Parece que el recuerdo sigue pero las acciones ya han cesado. A día de hoy, la última entrada del evento en Facebook tiene fecha de 17 de junio de 2011. Además, el dominio www.antoniocalvo.org acaba hace unos días de expirar y según el proveedor de servicios, el responsable de la web dispone hasta el mes de junio para renovar. A partir de ese momento, todo contenido será borrado y con ello, una parte de la historia tras la muerte del Profesor Calvo.

Al cabo de dos semanas, la Universidad se dio por aludida

El 25 de abril, casi dos semanas después de que Calvo falleciera, después del aluvión de protestas y presiones por parte de los grupos de alumnos, la rectora de la Universidad de Princeton, Shirley M. Tilghman, publicó un comunicado en la web de la universidad dirigida a los miembros de la comunidad educativa de la institución.

En dicho comunicado, Tilghman comenzó reconociendo que la muerte del profesor Antonio Calvo el pasado día 12, dejó en muchos miembros de la comunidad un profundo sentido de pérdida, para a continuación preguntarse acerca de qué podría haber empujado al profesor a quitarse la vida. Según sus palabras, nunca es posible comprender totalmente las circunstancias que hacen que alguien tome una decisión tan irreversible.

Tal y como se publicó en prensa acerca de las razones no comprendidas por la rectora, algunos amigos de Antonio Calvo indicaron que no solamente fue la rescisión del contrato de renovación lo que desencadenó todo sino la forma en que la Universidad de Princeton le había tratado, en alusión directa a la expulsión obligada del campus

En el comunicado, la rectora indicó que el despido se produjo tras una evaluación del contrato del profesor Calvo, cuyo contenido no podía ser divulgado por cuestiones de confidencialidad y privacidad de cualquier miembro de la comunidad educativa. Tras esta explicación, la rectora arremetió contra todos los medios y personas que según indicó, generaron rumores que apuntaban con el dedo a personas inocentes de forma injusta e indigna.

Un grupo de presión que quiso desprestigiar al Profesor Calvo

Aunque el profesor Calvo manifestó en su círculo más próximo estar totalmente tranquilo respecto a la renovación de su contrato, una de las razones que inquietaban a los más cercanos al profesor era la existencia de un grupo de profesores y alumnos quienes montaron una campaña de desprestigio basándose en la crítica a actitudes políticamente incorrectas del exigente profesor hacia ciertos alumnos poco trabajadores, tal y como se ha publicado en el New York Times.

Shirley M. Tilghman describió en su comunicado que la Institución acostumbra a tener en cuenta cualquier denuncia de conducta impropia que surja durante el proceso de revisión de los contratos. El protocolo de actuación de la Universidad exige que los resultados de la evaluación hayan de ser reportados por un Comité Consultivo integrado por la rectora de la Universidad junto con otros cargos de dirección y representantes del cuerpo docente.

La rectora indica expresamente que son raros los casos en los que se recomienda la suspensión inmediata del contrato sin mediar explicación alguna. Lo normal es informar a la persona afectada por la revisión para que responda con alegaciones en su defensa. Esto último, según la información de algunos cercanos a Calvo, no se llegó a producir, ya que aunque estaba citado el día 11 para acudir a la institución, el profesor no apareció.

Para la realización de este artículo, el autor ha recopilado los datos publicados por el mismo en Suite101.