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Ammán y su permanente lucha por el agua

Manuel Blázquez - Cuadernos de viaje


9 de Abril de 2012

Ammán, la capital jordana y por extensión todo el país es un diamante en bruto. Uno de los destinos turísticos que nunca hay que descartar. No sólo por ver la espectacular Petra sino por su gente, sus costumbres y por su enorme equilibrio cultural. El país, carente de agua, busca el preciado líquido más allá de lo que la cuenca del Jordán es capaz de dar.

Ammán es una ciudad asentada sobre colinas. Originalmente eran siete, como Roma, pero actualmente los dos millones de habitantes de la metrópolis se extienden sobre 90 montes y colinas. El tráfico es denso y siempre se tiene la impresión de estar rodeado de montañas de casas. Si además se circula por el centro al atardecer, la falta de luz convierte a la ciudad en una pintoresca alfombra de ladrillo y cemento.

Una visión de la ciudad

Los colores preponderantes que percibe el turista, del centro de la capital, son el gris y el marrón, aunque sorprende que en un país prácticamente carente de ríos y agua, se combinen con el verde de la extensa vegetación en ciertos distritos.

La ciudad es gigante, y de hecho acoge a prácticamente la mitad de la población jordana, que busca en la capital nuevas oportunidades, huyendo de la vida rural. No es fácil desplazarse en la ciudad, sobre todo a hora punta. En esos momentos, los coches y autobuses son la especie predominante de la ciudad.

Lo que dijo Carl Sagan en su libro “Un planeta azul pálido” es perfectamente aplicable a Ammán. Si una civilización extraterrestre enfocara sus miradas sobre el centro de la ciudad, pensarían que está poblada por unos seres de forma cuadrada que se desplazan por pistas negras de forma gregaria y que en algunas ocasiones, se detienen para expulsar unos parásitos más pequeños que se desplazan sobre barras articuladas. De vez en cuando, el paseante agradece, entre todo el humo acumulado del tráfico, respirar los aromas que salen de las tiendas de especias.

Es curioso observar cómo, sobre todo en el extrarradio, las casas habitadas tienen el aspecto de inacabadas, sobre todo por la presencia de espigones de la armadura de los pilares sobresaliendo por el tejado. Uno puede pensar que esperan mejores tiempos para construir una planta superior, aunque sin declararlo abiertamente, algún autóctono confiesa que mientras la casa no se termina de construir está exenta del pago de impuestos.

El agua, verdadero problema de Jordania

En realidad Ammán, y por extensión toda Jordania, reserva su agua debajo de la Tierra, a pesar de ser uno de los diez países más secos del mundo. Sus habitantes consumen alrededor de 160 litros de agua al año y los técnicos se esfuerzan en conseguir fuentes para abastecer a la sociedad jordana.

El país tiene una pluviosidad inferior a los 10 milímetros desde abril hasta octubre, si bien la época de lluvias se intensifica durante los meses de invierno. Es enorme la influencia de tener parte de su territorio en el desierto de Arabia.

Las prospecciones subterráneas de Disi, han dado un respiro a los jordanos, que se han puesto manos a la obra en la construcción de un acueducto de 300 kilómetros a lo largo de la carretera que une Ammán con Petra, que estará listo para finales de 2012. La acumulación subterránea de agua les permitirá abastecer a la capital por 50 años, según afirman los técnicos de la Administración del rey Abdalah II.

No obstante, algunos estudios han revelado la existencia de radiación procedente de isótopos situados en el subsuelo, declarando el agua altamente contaminada. Los responsables del proyecto asumen la situación indicando que tendrán que reducir la radiación mediante la mezcla con caudales de otros acuíferos.

El caudal del río Jordán es insuficiente

Los problemas del rio Jordán amenazan con empeorar la situación. Durante un siglo, uno de los principales ríos de la región que trascurre por Jordania, Siria e Israel ha sido empleado como destinatario de las aguas residuales, incrementando su salinidad, siendo difícil categorizar de agua dulce hoy en día el río.

Precisamente, la ONG Amigos de la Tierra-Oriente Medio, llevan tiempo < denunciado la pérdida de alrededor del 95 por ciento del caudal histórico del río. En un informe emitido por la citada organización indican que si los tres países no toman medidas urgentes, podría secarse en los próximos años.

El río Jordán nace en el mar de de Galilea y desemboca en el Mar Muerto, recorriendo 217 kilómetros. Los tres países ribereños han desviado parte del caudal para uso doméstico y agrícola, y lo han dejado en 30 millones de metros cúbicos anuales. Comparado con los 1.300 millones de metros cúbicos que discurrían en el pasado, la reducción pone en peligro el abastecimiento de la región.

Un portavoz de la plataforma Amigos de la Tierra-Oriente Medio ha declarado que un dato significativo de la gravedad de la situación es que desde los años noventa no se ha dado ningún desbordamiento y probablemente nunca se volverá a dar. En el pasado era habitual que existiera un desbordamiento del rio cada seis años.

En una conferencia realizada en Ammán en julio de 2010, la organización denunció la pérdida significativa de la biodiversidad y tienen previstas más acciones de denuncia para corregir una situación que se vuelve irrecuperable con el paso del tiempo.

Este artículo ha sido publicado por el autor en Suite101.net
 

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